Todavía tengo una foto de nosotros en la pantalla de mi computadora. No la miro todos los días. De hecho, casi nunca la noto. Pero cuando aparece por accidente, me quedo unos segundos en silencio. En esa foto estamos riendo por algo que ya ni siquiera recuerdo. Me gusta pensar que, aunque nuestra historia terminó, al menos hubo un momento en el que los dos fuimos exactamente donde queríamos estar.