Guardé tu última nota en el bolsillo de una chaqueta durante casi un año. No decía nada especial. Solo habías escrito que llegarías tarde y que no me esperara despierto. Me parece absurdo que haya guardado algo tan pequeño durante tanto tiempo. Pero para mí no era una nota. Era una prueba de que alguna vez existió un día en el que todavía esperábamos vernos al llegar a casa.